Los conocimientos o habilidades que te enseñan en las clases de secundaria no se puede decir que tengan una gran utilidad en la vida
diaria, eso seguro. Y los profesores son en su gran mayoría un hatajo de estúpidos. No me cabe la menor duda. Pero ¿sabes? Tú vas a irte de casa. Por lo tanto, en el futuro quizá no vuelvas a tener la oportunidad de
pisar la escuela, así que, mientras puedas, es mejor que te metas en la cabeza todo lo que te enseñen, te guste o no. Tienes que ser como un papel secante y absorberlo todo. Qué debes guardar y qué debes tirar,
eso ya lo decidirás más adelante.

una esponja, agucé el oído y grabé en mi cerebro todas las palabras que
se pronunciaban en clase. Disponía de un tiempo limitado: las asimilaba,
las memorizaba. Por lo tanto, pese a no estudiar apenas fuera de clase,
siempre era de los que en los exámenes sacaba las puntuaciones más
altas.
A medida que mis músculos se endurecían como el metal, me iba
convirtiendo en una persona callada. Intentaba evitar que las emociones
se me traslucieran en el rostro, me entrenaba para ser capaz de impedir que profesores y compañeros de clase adivinasen qué estaba pensando.

sobrevivir en él yo solo.
Debería ser más fuerte que nadie.
Al mirarme al espejo descubría en mis ojos la frialdad de los ojos de un lagarto, veía cómo mi rostro se había vuelto más duro e inexpresivo.
Pensándolo bien, hacía tanto tiempo que no me reía que ni recordaba
cuándo había sido la última vez. Ni siquiera sonreía. Ni a los demás ni a
mí mismo.
Frag. de Kafka en la orilla. Murakami-
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