(TÚ TENÍAS VEINTE AÑOS
Y YO NO TENÍA EDAD...)
... PORQUE TIENES VEINTE AÑOS
Y YO TENGO MUCHOS MAS.
HOY ME DICES QUE TE VAS, COMO EL VIENTO,
UN CAPRICHO, DESDE LUEGO, Y LIBERTAD...
PORQUE TIENES VEINTE AÑOS
Y YO TENGO ALGUNO MAS...
(**TÚ TENÍAS VEINTE AÑOS Y YO NO TENÍA EDAD)
Frag de una canción de amor.
Sé triste, Altazor
Sé triste tal cual las gacelas ante el infinito y los meteoros,
tal cual los desiertos sin mirajes.
Hasta la llegada de una boca hinchada de besos para la vendimia del destierro.
Sé triste, pues ella te espera en un rincón de este año que pasa.
Está quizá al extremo de tu canción próxima y será bella como la
cascada en libertad y rica como la línea ecuatorial.
tal cual los desiertos sin mirajes.
Hasta la llegada de una boca hinchada de besos para la vendimia del destierro.
Sé triste, pues ella te espera en un rincón de este año que pasa.
Está quizá al extremo de tu canción próxima y será bella como la
cascada en libertad y rica como la línea ecuatorial. Sé triste, más triste que la rosa, la bella jaula de nuestras miradas y de las abejas sin experiencia.
La vida es un viaje en paracaídas y no lo que tú quieres creer.
Vamos cayendo, cayendo de nuestro cenit a nuestro nadir y dejamos
el aire manchado de sangre para que se envenenen los que vengan mañana a respirarlo.
Adentro de ti mismo, fuera de ti mismo, caerás del cenit al nadir
porque ése es tu destino, tu miserable destino.
Y mientras de más alto caigas, más alto será el rebote,
más larga tu duración en la memoria de la piedra. Hemos saltado del vientre de nuestra madre
o del borde de una estrella y vamos cayendo.
Y mientras de más alto caigas, más alto será el rebote,
más larga tu duración en la memoria de la piedra. Hemos saltado del vientre de nuestra madre
o del borde de una estrella y vamos cayendo.
*Frag, de PREFACIO de ALTAZOR. Vicente Huidobro.-
Francisco Madariaga
A UN RESPLANDOR
Estuvo aquí, y resuena. Con orgullo
le contaré a mis nietos
que desde muy pequeño yo fui amigo
del poeta Francisco Madariaga.
(6-8-1980)
Palabras de Juan A. Vasco
...salido de los elementos (...) brotado de Corrientes como un ojo de agua".
..."Cuando su poesía hace recordar el lenguaje de la corriente de André Breton, no es por ánimo preconcebido, sino porque la palabra surge de él como rugido de jaguar, rumor de lluvia, vuelo de pájaro."...
Raúl Gustavo Aguirre acerca de los primeros libros de Madariaga
"...la coherencia de una pasión salvaje que desliga las palabras de sus relaciones habituales para someterlas a un nuevo y sorprendente sentido”.
Palabras de Oscar Portela
"Junto a Ayme Cesaire, Francisco Madariaga el Argentino Correntino, es uno de los más poderosos poetas de la poesía moderna"
Estuvo aquí, y resuena. Con orgullo
le contaré a mis nietos
que desde muy pequeño yo fui amigo
del poeta Francisco Madariaga.
(6-8-1980)
Palabras de Juan A. Vasco
...salido de los elementos (...) brotado de Corrientes como un ojo de agua".
..."Cuando su poesía hace recordar el lenguaje de la corriente de André Breton, no es por ánimo preconcebido, sino porque la palabra surge de él como rugido de jaguar, rumor de lluvia, vuelo de pájaro."...
Raúl Gustavo Aguirre acerca de los primeros libros de Madariaga
"...la coherencia de una pasión salvaje que desliga las palabras de sus relaciones habituales para someterlas a un nuevo y sorprendente sentido”.
Palabras de Oscar Portela
"Junto a Ayme Cesaire, Francisco Madariaga el Argentino Correntino, es uno de los más poderosos poetas de la poesía moderna"
Viajar viajar
Creo que viajar no vale la pena si uno no lleva consigo su vida. Es algo que estoy confirmando a mis expensas durante estos días melancólicos en París.
Es paradójico, pero un viaje se soporta sólo si es insignificante, si no cuenta, si no deja huella. Uno viaja, se va al otro lado del mundo, pero deja su vida en casa, guardada y lista para recuperarla a la vuelta.
Salvo que cuando uno está lejos se pregunta si por casualidad no habrá traído su vida consigo, sin querer, y allá no habrá quedado nada.
Basta con la duda para crear un miedo atroz, insoportable, sobre todo porque es un miedo a nada, una melancolía.
Frag de la novela de César Aira La costurera y el viento. (Arg)
Es paradójico, pero un viaje se soporta sólo si es insignificante, si no cuenta, si no deja huella. Uno viaja, se va al otro lado del mundo, pero deja su vida en casa, guardada y lista para recuperarla a la vuelta.
Salvo que cuando uno está lejos se pregunta si por casualidad no habrá traído su vida consigo, sin querer, y allá no habrá quedado nada.
Basta con la duda para crear un miedo atroz, insoportable, sobre todo porque es un miedo a nada, una melancolía.
Frag de la novela de César Aira La costurera y el viento. (Arg)
Volverse loca.
Loca ya, a Delia Siffoni la desaparición de su único hijo la volvió loca. Entró en un frenesí. Espectáculo prodigioso, postal perenne, cine trascendental, escena de las escenas: ver a una loca volverse loca.
Es como ver a Dios. La historia de estas últimas décadas ha hecho más y más rara esa ocasión.
Aunque fui testigo, no me atrevería a intentar una descripción. Me remito al juicio del barrio; en él, la última palabra la tenían los miembros del mismo sexo que el enjuiciado.
Los hombres se hacían cargo de los hombres, las mujeres de las mujeres. Mi mamá era entusiasta partidaria de la desesperación, tratándose de los hijos. Según ella, no quedaba otra cosa: aullar, perder la cabeza, hacer escenas.
Nunca tuvo que hacerlas, por suerte; tenía sangre alemana, era en extremo discreta y reservada, no sé cómo se las habría arreglado. Cualquier otra cosa equivalía a ser "tranquila", lo que en su idioma alusivo, pero muy preciso, significaba no amar a su prole. Más allá de la desesperación no veía nada. Después sí vio, vio demasiado, cuando nuestra felicidad se hizo pedazos; pero en aquel entonces era muy estricta: la escena, el telón del grito, y atrás nada.
En realidad, ni a ella ni a ninguna de sus conocidas le había sido necesario nunca volverse locas de angustia; la vida era muy poco novelesca entonces... La locura de una madre sólo podía desencadenarla, hipotéticamente, algún accidente horrendo que les pasara a los hijos.
A nosotros los chicos, libres y salvajes, nos pasaba de todo, pero no lo definitivamente horrendo. No nos perdíamos, no desaparecíamos... ¿Cómo perderse en un pueblito en el que todos se conocían, y casi todos estaban más o menos emparentados?
Extraviar un hijo sólo podía pasar en laberintos que no existían entre nosotros.
***Frag de la novela de César Aira, 'La costurera y el viento'.
Es como ver a Dios. La historia de estas últimas décadas ha hecho más y más rara esa ocasión.
Aunque fui testigo, no me atrevería a intentar una descripción. Me remito al juicio del barrio; en él, la última palabra la tenían los miembros del mismo sexo que el enjuiciado.
Los hombres se hacían cargo de los hombres, las mujeres de las mujeres. Mi mamá era entusiasta partidaria de la desesperación, tratándose de los hijos. Según ella, no quedaba otra cosa: aullar, perder la cabeza, hacer escenas.
Nunca tuvo que hacerlas, por suerte; tenía sangre alemana, era en extremo discreta y reservada, no sé cómo se las habría arreglado. Cualquier otra cosa equivalía a ser "tranquila", lo que en su idioma alusivo, pero muy preciso, significaba no amar a su prole. Más allá de la desesperación no veía nada. Después sí vio, vio demasiado, cuando nuestra felicidad se hizo pedazos; pero en aquel entonces era muy estricta: la escena, el telón del grito, y atrás nada.
En realidad, ni a ella ni a ninguna de sus conocidas le había sido necesario nunca volverse locas de angustia; la vida era muy poco novelesca entonces... La locura de una madre sólo podía desencadenarla, hipotéticamente, algún accidente horrendo que les pasara a los hijos.
A nosotros los chicos, libres y salvajes, nos pasaba de todo, pero no lo definitivamente horrendo. No nos perdíamos, no desaparecíamos... ¿Cómo perderse en un pueblito en el que todos se conocían, y casi todos estaban más o menos emparentados?
Extraviar un hijo sólo podía pasar en laberintos que no existían entre nosotros.
***Frag de la novela de César Aira, 'La costurera y el viento'.
este abrigo
Fortines de sed
Allí donde mi vientre se bifurca
lavanta fortines de sed tu espuma trágica.
Sé que te cerca de atroz desierto de olvidarme,
la diáspora de besos que te he dado
persigue tenazmente
en este rito demencial al que me arrastras...
(vandálico mariscal de los pecados)
Bajo este abrigo que pretendes diseñarme
con un sentimiento vanal que no existe:
ya no quedan artificios que oponer a tu arrogancia;
ay, este simulacro que tan mal finges.
Y la pasión es tanta
tanta...
Alicia Benítez Inés-
De: Veinte voces destacadas de la poesía argentina. Tomo 2. Edit. Nueva Generación.
Allí donde mi vientre se bifurca
lavanta fortines de sed tu espuma trágica.
Sé que te cerca de atroz desierto de olvidarme,
la diáspora de besos que te he dado
persigue tenazmente
en este rito demencial al que me arrastras...
(vandálico mariscal de los pecados)
Bajo este abrigo que pretendes diseñarme
con un sentimiento vanal que no existe:
ya no quedan artificios que oponer a tu arrogancia;
ay, este simulacro que tan mal finges.
Y la pasión es tanta
tanta...
Alicia Benítez Inés-
De: Veinte voces destacadas de la poesía argentina. Tomo 2. Edit. Nueva Generación.
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