
Supongo que habrá sido así:
El humano vió un bosque y de inmediato pensó que el infinito debería existir.
Vió morir a su primer ser querido, e inventó a los ángeles...
Sintió odio, ganas de vengarse, furia y repensó a un dios patriarcal y de barba blanca.
Creyó necesario que sus descendientes aprendieran de su dios patriarcal y de barba blanca e inventó el catecismo.
Sintió culpas y dijo que los castigos serían tremendos...

Sintió deseos y dijo que el espíritu era a la carne como su amada era a sus manos.
¿Para qué se complicó tanto la efímera y miserable existencia?
Si la lanza o la bala, el cuchillo o el infarto, lo harían igualmente vanal, como a cualquier corzuela del bosque donde se tentó, años atras, con el infinito.
Alicia Benítez Inés.-
De la Serie èdita: Tintachina.